EL DÍA SIGUIENTE AL 26J


Pero la gran sorpresa y que no tiene explicación lógica es que más de quince millones de españoles voten a partidos con responsabilidad directa en la degradación y ruina de España, como el PP, el PSOE, IU y los nacionalismos

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gm/E. Sierra Quevedo/27/06/2016

EL DIA SIGUIENTE AL 26J

La sorpresa de la jornada del 26 de junio fue la derrota de Unidos-Podemos, abandonado por más de un millón de sus anteriores votantes, ni siquiera logró superar al PSOE como fuerza dominante en la izquierda. Las otras grandes sorpresas fueron la holgada victoria del PP, un partido en el que se ha refugiado el miedo, a pesar de haberse convertido en el mas carcomido por la corrupción y el abuso de poder y la acentuada caída del PSOE, que pierde cinco escaños y obtiene el peor resultado en su historia reciente.

Pero la gran sorpresa y que no tiene explicación lógica es que más de quince millones de españoles voten a partidos con responsabilidad directa en la degradación y ruina de España, como el PP, el PSOE, IU y los nacionalismos, ya que los que se benefician directamente del sistema y sus familias suman alrededor de cinco millones de votos. De los 11 millones restantes (o más), la única conclusión razonable que se puede sacar, es que esa sociedad votante está imbuida en el Síndrome de Estocolmo, ese que empuja a amar al verdugo que te martiriza y humilla.

Los resultados de las elecciones perfilan una España sin mayorías absolutas y con un reparto de escaños que hacen difícil la formación de un gobierno sólido. Si a esa dificultad se agrega la demostrada incapacidad de los políticos para anteponer los intereses de España a sus propios intereses, miserias y mezquindades, queda un futuro político muy preocupante y se abren las puertas a unas terceras elecciones.

España, tras los resultados electorales, necesita a políticos generosos y con grandeza. La única mayoría capaz de formar un gobierno solvente es la unión del PP y el PSOE, pero esa opción es impensable porque los dos partidos son incapaces de sacrificar sus diferencias en aras del bien común. Todas las demás opciones son difíciles y no otorgan mayorías suficientes. Los pactos posibles no proporcionan mayorías y los que abren las puertas a un gobierno sólido parecen bloqueados.

Con el debido respeto, creo que el rey Felipe VI va a tener que mojarse y exigir a los partidos que dejen a un lado sus abundantes miserias y que pacten por el bien de la nación. Por contra, si el rey no juega fuerte y se mantiene en su cómoda neutralidad, tal vez esté en peligro el futuro de la democracia española.

El pueblo, no debería soportar unas terceras elecciones, provocadas por la incapacidad de los políticos de cumplir con el mandato de las urnas y con sus deberes de liderazgo, degradando así la política, la convivencia y el futuro de los españoles

Junio de 2016

Por: E. Sierra Quevedo

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